jueves, 26 de mayo de 2011

Un fragmento de vida con Andy Warhol




Andy Warhol fue uno de los artistas más influyentes del siglo XX, por lo que muchos quisiéramos estar en sus zapatos, o al menos junto a ellos al menos por un día. Pero lo único que podemos hacer es dejar volar el pensamiento hasta que nos lleve al año 1976, cuando la mayor parte su tiempo pasa del cine al hacer retratos y a dirigir su revista Interview, la cual se había convertido en Dios de papel y tinta que determinaba lo bueno y malo en el mundo de la farándula.
Has sido invitado a la cena navideña de Fred Hughes, el agente artístico de Andy. Al llegar te percatas que muchos de los que han ido son personajes de Factory, o la oficina, como prefiere decirle Warhol. Lo distingues entre toda esa gente, con su inconfundible cabello platinado, una camisa blanca, corbata y traje negro, mientras habla con el músico Mick Jagger.
En la mesa, que donde hay pavo, jamón y coles de Bruselas, le haces plática. Hablan sobre cine, música, pintura, la navidad, la familia, etc. y notas en la expresión de sus ojos y en su sonrisa un gesto de simpatía, y tu también disfrutas de su conversación. El diálogo es solamente interrumpido por las manecillas del reloj, pues Andy tiene que retirarse a otro compromiso en el centro de la ciudad. Se va con tu teléfono escrito en un pedazo de servilleta, y promete llamarte pronto.  
Al día siguiente, cuando aún tratas de quitarte la sequedad en la boca y el dolor de cabeza, recibes una llamada de Andy. Después de una pequeña charla de banalidades te invita a una cena, sin mencionar en donde ni con quien, sólo te dice que se encontrarían en la esquina la Setenta y dos y Seis Este, a las 5:30 de la tarde.

Hace bastante frio y esperas diez minutos hasta su llegada con un pequeño gato entre los brazos (viene de su apartamento), toman un taxi a la Setenta y dos Este y te pregunta acerca de lo que crees de Interview, le planteas algunos puntos que a tu criterio pueden mejorar.
El taxi se detiene frente a la casa de MickJagger y al entrar Andy le da el gatito a Jade, la hija de Mick, mientras le dice algunas palabras que no alcanzas a escuchar. Son de los primeros en llegar, pero poco a poco van arribando más personas al tiempo que el alcohol y drogas empiezan a transitar. En cierto momento de la velada, Mick se sienta junto a Bob Colacello, el redactor en jefe de la revista, ofreciéndole un “reconstituyente”. Bob lo acepta con mucho gusto, y justo cuando iba a enifar, entran en la habitación Yoko y John Lennon. Mick se emociona tanto que quita la cucharita de la nariz de Colacello y la pone en la de Lennon.
Lo último que recuerdas claramente de esa fiesta es haberte sentado junto a unos chicos, de los cuales sólo recuerdas su nombre. Ellos tienen una pequeña mesa de té de su lado derecho, y en ella un plato tapado, te dicen que si lo destapas te llevarás una enorme sorpresa.  Cuando lo haces te encuentras con un gran montón de “reconstituyente”. También recuerdas que los Jagger jamás sacaron el postre.
Han pasado varias semanas sin saber de Andy. Un mañana a mitades de enero recibes una llamada y escuchas su voz del otro lado del auricular. Hablan como viejos amigos que se vuelven a encontrar y por fin te pregunta si puedes ir a “la oficina” un día de estos para discutir los arreglos que habían comentado en el taxi. Tienes la tarde libre, así que aceptas ir ese mismo día.
 
Se supone que tú no lo sabes, pero después de llamarte Andy se baña y se viste. Baja del tercer piso de su casa a donde está su dormitorio, el sótano. Ahí está su cocina, donde están sus dos criadas filipinas, las hermanas Bugarin. Luego toma algunos ejemplares de Interview y se va de compras por horas en Madison Avenue. De ahí va a una subasta y a las joyerías de la calle Cuarenta y siete para terminar en los anticuarios del Village. En cada tienda que pasa regala un ejemplar de la revista, así como a los fans que lo paran en la calle. 

  

Llega a la oficina cerca de las dos de la tarde y manda a comprar a uno de los chicos un refrigerio a Brownies, una tienda naturista. Mientras bebe el jugo de naranja, revisa su agenda para ver las citas que tiene en la tarde y noche. Después abre las muchas cartas que llegaron en el día y decide cuales invitaciones, regalos, revistas meterá en la “Cápsula del tiempo”(cajas marrón donde Andy guardaba todo lo que le parecía interesante; más del 99% que leía y recibía).
Por tu parte, llegas a las oficinas del Factory en el 860 de Broadway, a las cinco de la tarde. El lugar está atestado de gente y cosas que parecen siempre estar en desorden. Andy se encuentra en la recepción hablando un chica acerca de su vidas amorosas, regímenes alimenticios, lo que hicieron la noche anterior, entre muchos otros temas. Te ve llegar e interrumpe su plática para recibirte. Van hasta el soleado alfeizar de la ventana, junto a los teléfonos, y te dice que ahí es donde suele leer los periódicos y revistas durante casi todas las tardes.
Mientras conversan llega Fred, te saluda con un abrazo, habla rápidamente con Andy de algunos negocios y se va. El artista y tú discuten sobre las ideas que tienes para la revista por una hora. Al terminar te invita te lleva a su estudio; un lugar lleno de obras sin terminar por todas partes,  botes de pintura, decenas de fotos Polaroid sobre una mesa, acetatos y muchas otras cosas que sólo podían tener un orden dentro de la mente de Warhol. Él te muestra su último retrato y pregunta tu opinión. A ti simplemente te gusta aunque no sepas quién es, y es lo que dices. En esos años los retratos ya no sólo se hacían a gente famosa, sino a todos aquellos que pudieran pagar los 25,000 dólares que costaba. Él te sonríe.
Son las 7:30 cuando te despides de Andy en las puertas de Factory. Diez minutos después él se va caminando hasta Park Avenue, donde toma un taxi hasta la parte alta de la ciudad. Llega a casa y se arregla para cualquier cosa que haga en la noche, una o varias cenas, fiestas o simplemente ir al cine. Toma su cámara  de video y sale esperando que la vida le ofrezca algo bueno para grabar.

Fuente:
Warhol Andy (1999) Diarios. Ed. Anagrama. Segunda ed. Editado por Pat Hacket. Barcelona.





 



miércoles, 13 de abril de 2011

La pasarela de las perversiones

Pocas veces es posible encontrar en el género del horror películas con alcances críticos, con múltiples capas de lectura y que apelen a la repulsión no sólo como herramienta para crear entretenimiento, sino para sustentar un discurso subversivo. Y Videodrome de David Cronenberg lo logra; así de sencillo.
La tesis de la película se sustenta en una historia determinada por la paranoia, las ensoñaciones y alucinaciones. Max Renn, el protagonista, es dueño y director de una canal pequeño y marginal de televisión por cable. Con el fin de ganar audiencia sus emisiones se caracterizan por abordar programas de contenido sexual explícito y altamente violento. Él mismo es el encargado de seleccionar y cazar el contenido de su canal, por lo que un día llega  “a sus ojos” el videódromo: una serie de emisiones sadomasoquistas en la que, al parecer, los límites entre la realidad y la actuación se desdibujan, donde el punto culminante es la muerte real de personas.
Videodrome es la expresión más clara de la corriente iniciada por Cronenberg llamada “la nueva carne”. En este filme, lo observado por Max en el videódromo traspasa los límites de la ficción para trasladarse hasta su realidad, realidad que a su vez se transforma en las alucinaciones que le provocan los horrores que ha observado en tal emisión. Su cuerpo es la dimensión en la que se materializan las perversiones a las que se ha expuesto.
La lectura sociológica que contiene la historia permite que la película trascienda hasta nuestros días, sobre todo, en un contexto como el que se vive actualmente. La propuesta de Cronenberg se resume en la idea: “si no pasa por televisión no es real”. Cabe entonces en este punto la pregunta: ¿la omisión de ciertos temas como la violencia en los medios reconfigura la realidad? ¿tenemos que hacer oídos sordos y ojos ciegos para no inmiscuirnos en un entorno en el que impera la violencia y la perversión de la condición humana?
En ese sentido, Cronenberg crea una especia de sátira sustentada en la alucinación. En 1983, año en el que se produjo la película, aún es posible observar la herencia setentera de la paranoia que entiende a los medios masivos de comunicación como educadores de la sociedad, como manipuladores de su voluntad y creadores de realidades maniqueístas en las que todo es horrible o color de rosa. Y Cronenberg se burla de todo ello.

Videodrome
Director: David Cronenberg
Escrita por: David Cronenberg
Canadá
1983

miércoles, 23 de marzo de 2011

¿Norte o Sur?

¿
Cómo hacer una película de crítica social sin caer el lugares comunes? Rigoberto Perezcano tiene la respuesta con su ópera prima de ficción Norteado. Con una mezcla bien llevada entre humor y situaciones reales, personajes entrañables (aunque no por ello arquetípicos), el filme logra evidenciar una realidad conocida por todos, pero tratada siempre desde una óptica maniqueísta y de victimización: la migración de connacionales a los Estados Unidos. Se trata de un drama sin drama, una historia como cualquier otra contada por pura curiosidad, vista por el mismo motivo, pero que al final, da cuenta de un fenómeno ya inherente a la sociedad mexicana.
La película sigue una línea narrativa lineal, por lo que recurre a otros elementos del lenguaje cinematográfico para imprimirle un estilo particular al discurso. Desde la secuencia de obertura, el manejo de cámara sugiere e invita al espectador a la intimidad con Andrés (Harold Torres), lo reta a seguir su travesía desde la sierra de Oaxaca e ir tras cada uno de sus pasos, detrás de él, de nuevo, por pura curiosidad.
Visualmente la cinta evidencia la inclinación documentalista de su director. No podía ser de otra forma si lo que se pretende es capturar el ambiente de la frontera en toda su crudeza. Mientras Andrés se encuentra en el desierto o cerca del muro fronterizo, abundan los planos abiertos y tomas “quemadas”. El resultado: la experiencia visual de desolación a la que se enfrentan los “mojados”, la inmensidad de un paisaje amenazante pero tentador, pues detrás de él hay más que un sueño, más que el tesoro al final del arcoíris.
La línea divisoria entre México y los estates se convierte en el confín de los sueños y la realidad de Andrés. Resulta difícil ubicarlos al norte o al sur, pues Tijuana, lugar en el que se queda varado tras sus intentos fallidos por cruzar, es un imán que lo atrae con todo y sus dos polos: Ela (Alicia Laguna) y Cata (Sonia Couoh). Algunas veces lo embelesan, otras lo repelen, de cualquier forma, su fijación hacia él sólo podría ser por mera necesidad, pues ambas fueron abandonadas por sus esposos que también fueron tras el sueño americano y  nunca volvieron por ellas. Puede que ambas vean en Andrés sólo una figura catártica, o que él sólo esté dispuesto a un amorío  temporal pues carga con el remordimiento de su esposa e hijos que se quedaron en Oaxaca; cualquiera que sea la interpretación, la historia expone a la melancolía como moneda de cambio frente a la persecución de sueños y obsesiones.
Norteado se aparta del cine mexicano contemporáneo que en busca de proyección y aceptación como superproducción adopta fórmulas y clichés. Sus ambiciones son más cortas, pero también más profundas. Lo evidencia su clara tendencia a “festivalear”, como en  Tesalónica, San Sebastián, Abu Dhabi, Los Ángeles, Bratislavia, Rotterdam y Toronto. Además de hacerlo con amplias expectativas de competir, pues ha ganado palmarés como Mejor Director en Tesalónica, la Perla Negra a Mejor Actriz a Sonia Couoh y Alicia Laguna en el Festival de Medio Oriente y el Premio de la Industria por la cadena TVE en San Sebastían.
Sin duda, la película logra retratar la cotidianidad del fenómeno de la migración, particularizándolo en Andrés, pero dotándolo de elementos de identificación con el público. Imposible no hacerlo al escuchar la música de Julio Preciado, Cornelio Reyna y Los relámpagos del Norte; al sentirse al igual que el protagonista en múltiples dilemas; cuando sabes que un muro se planta en frente para restregarte en dónde estés parado; al norte o al sur.
Ficha técnica:
Norteado
Director: Rigoberto Perezcano
Producción: Édgar San Juan
Fotografía: Alejandro Cantú
Guión: Édgar San Juan y Rigoberto Perezcano
País: México-España