
Andy Warhol fue uno de los artistas más influyentes del siglo XX, por lo que muchos quisiéramos estar en sus zapatos, o al menos junto a ellos al menos por un día. Pero lo único que podemos hacer es dejar volar el pensamiento hasta que nos lleve al año 1976, cuando la mayor parte su tiempo pasa del cine al hacer retratos y a dirigir su revista Interview, la cual se había convertido en Dios de papel y tinta que determinaba lo bueno y malo en el mundo de la farándula.
Has sido invitado a la cena navideña de Fred Hughes, el agente artístico de Andy. Al llegar te percatas que muchos de los que han ido son personajes de Factory, o la oficina, como prefiere decirle Warhol. Lo distingues entre toda esa gente, con su inconfundible cabello platinado, una camisa blanca, corbata y traje negro, mientras habla con el músico Mick Jagger.
Hace bastante frio y esperas diez minutos hasta su llegada con un pequeño gato entre los brazos (viene de su apartamento), toman un taxi a la Setenta y dos Este y te pregunta acerca de lo que crees de Interview, le planteas algunos puntos que a tu criterio pueden mejorar.
El taxi se detiene frente a la casa de MickJagger y al entrar Andy le da el gatito a Jade, la hija de Mick, mientras le dice algunas palabras que no alcanzas a escuchar. Son de los primeros en llegar, pero poco a poco van arribando más personas al tiempo que el alcohol y drogas empiezan a transitar. En cierto momento de la velada, Mick se sienta junto a Bob Colacello, el redactor en jefe de la revista, ofreciéndole un “reconstituyente”. Bob lo acepta con mucho gusto, y justo cuando iba a enifar, entran en la habitación Yoko y John Lennon. Mick se emociona tanto que quita la cucharita de la nariz de Colacello y la pone en la de Lennon.Lo último que recuerdas claramente de esa fiesta es haberte sentado junto a unos chicos, de los cuales sólo recuerdas su nombre. Ellos tienen una pequeña mesa de té de su lado derecho, y en ella un plato tapado, te dicen que si lo destapas te llevarás una enorme sorpresa. Cuando lo haces te encuentras con un gran montón de “reconstituyente”. También recuerdas que los Jagger jamás sacaron el postre.
Han pasado varias semanas sin saber de Andy. Un mañana a mitades de enero recibes una llamada y escuchas su voz del otro lado del auricular. Hablan como viejos amigos que se vuelven a encontrar y por fin te pregunta si puedes ir a “la oficina” un día de estos para discutir los arreglos que habían comentado en el taxi. Tienes la tarde libre, así que aceptas ir ese mismo día.
Se supone que tú no lo sabes, pero después de llamarte Andy se baña y se viste. Baja del tercer piso de su casa a donde está su dormitorio, el sótano. Ahí está su cocina, donde están sus dos criadas filipinas, las hermanas Bugarin. Luego toma algunos ejemplares de Interview y se va de compras por horas en Madison Avenue. De ahí va a una subasta y a las joyerías de la calle Cuarenta y siete para terminar en los anticuarios del Village. En cada tienda que pasa regala un ejemplar de la revista, así como a los fans que lo paran en la calle.
Llega a la oficina cerca de las dos de la tarde y manda a comprar a uno de los chicos un refrigerio a Brownies, una tienda naturista. Mientras bebe el jugo de naranja, revisa su agenda para ver las citas que tiene en la tarde y noche. Después abre las muchas cartas que llegaron en el día y decide cuales invitaciones, regalos, revistas meterá en la “Cápsula del tiempo”(cajas marrón donde Andy guardaba todo lo que le parecía interesante; más del 99% que leía y recibía).
Por tu parte, llegas a las oficinas del Factory en el 860 de Broadway, a las cinco de la tarde. El lugar está atestado de gente y cosas que parecen siempre estar en desorden. Andy se encuentra en la recepción hablando un chica acerca de su vidas amorosas, regímenes alimenticios, lo que hicieron la noche anterior, entre muchos otros temas. Te ve llegar e interrumpe su plática para recibirte. Van hasta el soleado alfeizar de la ventana, junto a los teléfonos, y te dice que ahí es donde suele leer los periódicos y revistas durante casi todas las tardes.
Mientras conversan llega Fred, te saluda con un abrazo, habla rápidamente con Andy de algunos negocios y se va. El artista y tú discuten sobre las ideas que tienes para la revista por una hora. Al terminar te invita te lleva a su estudio; un lugar lleno de obras sin terminar por todas partes, botes de pintura, decenas de fotos Polaroid sobre una mesa, acetatos y muchas otras cosas que sólo podían tener un orden dentro de la mente de Warhol. Él te muestra su último retrato y pregunta tu opinión. A ti simplemente te gusta aunque no sepas quién es, y es lo que dices. En esos años los retratos ya no sólo se hacían a gente famosa, sino a todos aquellos que pudieran pagar los 25,000 dólares que costaba. Él te sonríe.
Son las 7:30 cuando te despides de Andy en las puertas de Factory. Diez minutos después él se va caminando hasta Park Avenue, donde toma un taxi hasta la parte alta de la ciudad. Llega a casa y se arregla para cualquier cosa que haga en la noche, una o varias cenas, fiestas o simplemente ir al cine. Toma su cámara de video y sale esperando que la vida le ofrezca algo bueno para grabar.
Fuente:
Warhol Andy (1999) Diarios. Ed. Anagrama. Segunda ed. Editado por Pat Hacket. Barcelona.



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